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Quinientos años del Voto de San Miguel

 Hace un siglo, en 1921, ya se celebró de forma especial el Quinto Centenario del Voto de San Miguel

 

thumb 1921 recuerdo v centenario voto a san miguelSe trata de un documento prácticamente desconocido para la mayoría de los taustanos, que ahora van a poder leer por vez primera una copia del dicho impreso a continuación, con una serie de actos religiosos y festivos de los que nos ha llegado constancia gracias a un impreso original redactado por el taustano José María Laborda Llera, testigo directo de la celebración.

 

Recuerdo del centenario del voto de san Miguel arcángel celebrado en la villa de Tauste el 8 de Mayo de 1921

Mis impresiones y un poco de programa dedicado a mis paisanos

Es una fecha memorable el día 8 de Mayo para todo hijo de Tauste, pues ella nos trae recuerdos y nos hace sentir emociones, que son mejor para sentidos que para expresados; es el triunfo de la fe, la manifestación de la raza, el amor a la tradición y el culto que rinde el pueblo a esa página tan brillante que escribieron sus antepasados en el libro de la historia.

Todos sabemos a qué obedece el regocijo que inunda nuestras almas ese día: atravesaba la villa por un periodo verdaderamente angustioso: todos los frutos que había depositado en la tierra, a costa del sudor de su frente, eran asolados por la plaga de la langosta, que les quitaba la esperanza de poderse mantener, y la ilusión de depositar en las manecitas de sus tiernos hijos el pedazo de pan que les pedían con insistencia.

En situación tan crítica acudieron a Dios por mediación del Arcángel San Miguel e hicieron el voto que todos conocéis y que todos respetamos. El favor del Cielo no se hizo esperar, y aquel pueblo atribulado obtuvo la gracia de quedar libre de la plaga y ver cómo la tranquilidad y la alegría volvía a renacer en sus hogares.

Muchos años hacía que me veía privado de presenciar ese acto de homenaje que rinde el pueblo de Tauste a su Santo tutelar, aun cuando observaba las cláusulas que dicho voto contiene: grande era la ilusión que sentía por verme transportado a los días felices de mi infancia cuando, llegada la festividad, escuchaba de labios de mis queridos padres la narración de los acontecimientos que se sucedían por aquella fecha. Y, por fin, este año, en el que se celebraba el V Centenario de la ofrenda, tuve la gran satisfacción de acudir al llamamiento que hacía la Patria Chicha a todos sus hijos, y embriagar mis sentidos en el dulce aroma que esparcía la voz de los recuerdos.

Y no bien amaneció el día grande, acudí a la iglesia parroquial para asistir a la procesión. ¡Qué de emociones sintió mi alma! Aquellas bóvedas sombrías, bajo las cuales se oculta la iglesia, eran las mismas que hacía mucho tiempo recibieron mi débil cuerpo para ser regenerado con las aguas del Bautismo. Allí estaba la capilla de mi Virgen de Sancho Abarca, donde aprendí a rezar; el altar de San Miguel; los vecinos de la Villa, que acudían para acompañar al Santo a su paso triunfal por las calles…

Y salió la procesión presidida por el clero y las autoridades, y todo su recorrido fue para mí una serie de recuerdos y emociones inenarrables; aquel pueblo y aquellos hombres eran los mismos que hace muchos años: nobles y sinceros en el sentir, y entusiastas de las glorias de su tierra; aquellos niños de cabellos rubios y mirada inteligente, que apretaban sus madres contra su pecho, y que cumplían la ley del ayuno hasta que el Santo entrara en la iglesia, me parecían una corte de angelitos que habían bajado del Cielo para acompañar al Príncipe de los ejércitos celestes.

Yo también había sido niño y había tenido hermanitos que cumplían como ellos la ofrenda…

Y el entusiasmo continuaba albergándose en mi corazón durante la lectura del voto en la iglesia de San Miguel, y en toda la carrera de la procesión, hasta ver entrar otra vez al Santo en la iglesia parroquial. ¡Benditas sean la fe y la tradición que nos hacen sentir tan dulces emociones!

Una vez terminada la procesión, cada cual marchó a su casa a tomar el desayuno y a aguardar la hora de la misa mayor, en la cual había de ser la renovación del voto, levantando acta del mismo ante notario. El momento no se hizo esperar: las campanas de nuestra torre Mudéjar anunciaron con sus lenguas de bronce que iba a dar principio la festividad, y todos acudimos como movidos  por un resorte.

El templo estaba imponente: todo el pueblo se había congregado en él; la capilla del Pilar reforzada con elementos de la Villa, interpretaba magistralmente la misa del maestro Barrera.

Al ofertorio, un extremecimiento (sic) recorrió todos los ámbitos de la iglesia: era llegado el momento de renovar el acto de fe que hicieron nuestros antepasados. En el presbiterio había colocado un sitial con la cruz y los evangelios, y ante ellos fueron prestando juramento el clero, las autoridades y el pueblo: acto grandioso y sublime, incapaz de ser reproducido por la pluma. Y los hijos de Tauste, que no perdonan medio para realizar sus empresas con toda magnificencia, habían invitado a la fiesta a la primera autoridad de la provincia, y encargado la oración sagrada al elocuente y fecundo orador M. I. Sr. D. Santiago Guallar, canónigo de la S. I. M. de Zaragoza. Y tanto el Excmo. Sr. Conde de Coello como el Sr. Guallar, aceptaron la invitación cumpliendo su cometido de una manera tan admirable que no se borrará de la memoria de los taustanos el grato recuerdo que dejaron a su paso por esta Villa.

Otro hecho digno de mencionarse tuvo lugar una vez terminada la misa mayor: trasladáronse a la capilla de la Virgen de Sancho Abarca el Sr. Gobernador civil, D. Santiago Guallar, D. Inocencio Jiménez y demás invitados, acompañados del clero, autoridades y pueblo, y el M. I. Sr. D. Miguel Supervía Lostalé, hijo de Tauste y dignidad arcediano de la S. I. C. de Huesca, hizo entrega mediante acta del anillo pastoral y cruz pectoral que el pueblo había regalado a su señor hermano, Excmo. e Ilmo. Sr. D. Mariano Supervía, al ser consagrado Obispo: Y una vez muerto este santo varón, honra de su tierra, ocupando la silla Episcopal de Huesca, su hermano D. Miguel las devolvía al pueblo, para que figuraran entre las joyas de la Santísima Virgen. Recibió el relicario, en nombre del pueblo, el presbítero encargado de la Parroquia, D. Mariano Ezquerra, quien, con palabra fácil y elocuente, agradeció la fineza del donante y depositó dichas alhajas a los pies de nuestra Patrona.

En resumen, una mañana llena de emociones y de recuerdos patrios que perdurará en el corazón de los taustanos.

Por la tarde, y organizada por la “Caja Rural”, dieron una conferencia en el Teatro Parisiana de esta Villa el grandilocuente orador D. Santiago Guallar, y el apóstol de la causa social católica D.  Inocencio Jiménez, catedrático de la Universidad de Zaragoza: estuvieron tan amenos, tan oportunos y convincentes, que dejaron la más grata impresión en el numeroso público que les aclamaba.

Además se organizaron otros festejos que se vieron muy concurridos: fuegos artificiales, hogueras, bailes públicos y de sociedad, vaquillas y una becerrada, en la que un joven de la tierra lució sus habilidades con arte y valentía.

Es de notar que todas las fiestas se han deslizado en medio de una paz octaviana, y que el mismo día de San Miguel, queriendo el cielo contribuir a realzar su fiesta, envió una muy benéfica lluvia para los ya apurados campos, lo cual contribuyó a aumentar la alegría.

¡Bien por las autoridades taustanas, dignas de representar al pueblo que dirigen! ¡Bien por los habitantes del pueblo, intérpretes y sucesores de aquellos hombres de antaño que sabían mantener la nobleza y el tesón aragonés en su más alto grado!

¡Adelante, pueblo de Tauste! Recuerda con frecuencia estos hermosos actos que acabas de presenciar: cuéntalo a tus hijos; cultiva y propaga el lema de Fe y Patria, que debes esculpir en tu
escudo como el más preciado blasón; te lo suplica un paisano tuyo que guarda todos sus amores y cariños para su tierra, a la que quisiera ver siempre Grande, Heróica, Noble, Fiel y Creyente.


¡Viva la Virgen de Sancho Abarca!
¡Viva el Arcángel San Miguel!

José M.ª Laborda Llera
Zaragoza, 12 de Mayo de 1921.

 

 

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