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Tomás Aragüés Bernad recibe el homenaje de la música vasca

En su 80 anivesario la Orquesta de Euskadi, el Orfeón Donostiarra y los coros Easo y Andra Mari le rindieron un cálido homenaje en el Kursaal de San Sebastián. Una representación de la Asociación Cultural El Patiaz estuvo allí

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tomas aragues 1El compositor Tomás Aragüés Bernad cumplió 80 años el 19 de octubre y por ese motivo el día 22 la Orquesta de Euskadi, el Orfeón Donostiarra y los coros Easo y Andra Mari le rindieron un homenaje en San Sebastián con un concierto en el que interpretaron algunas de sus obras más significativas.

Lleno total de las 1800 localidades del Kursaal que acogió este tributo a uno de los autores españoles más prolíficos, que tiene la práctica totalidad de sus obras -481- depositadas en el Archivo Vasco de la Música, Eresbil.

El músico, hijo de Tomás Aragüés Bayarte, nacido en Tauste y también compositor, ha sido autor de un sinfin de obras y aunque ha realizado una gran aportación a la música religiosa pastoral, ha destacado "su pasión" por la música coral, especialmente la vasca, y por la música instrumental, sobre todo la sinfónica o sinfónico-coral.

Recordemos que en las pasadas Jornadas sobre la Historia de Tauste, una de las ponencias corrió a cargo de D. Gregorio Ibáñez Gómez y tuvo por título “El taustano Tomás Aragüés Bayarte y su hijo Tomás Aragüés Bernad, dos hitos en la composición musical del S. XX de España”.

Gregorio Ibáñez, director en varias agrupaciones musicales y colaborador del Patiaz se desplazó en el invierno de 2014 hasta el domicilio de D. Tomás Aragüés en Madrid para documentarse de primera mano sobre la vida y obra de tan insigne compositor y su padre. Fruto de este trabajo pudimos descubrir facetas muy interesantes sobre estos dos grandes profesionales de la música, de origen taustano, con detalles tan llamativos como desconocidos para todo el mundo en general como el hecho de que las composiciones musicales más conocidas que se cantan en las misas de todo el mundo cristiano de habla hispana (“Señor ten piedad”, “Cordero de Dios” o “Santo, Santo”) son creación de D. Tomás Aragüés Bernad.

Además, en aquella ocasión la charla resultó especialmente atractiva por el intercalado de piezas musicales en directo a cargo del cuarteto que formaron el ponente y tres compañeros suyos. Como viene siendo habitual toda esta documentación se verá reflejada en el correspondiente Libro de Actas próximo a publicarse. Sin duda es este un merecido homenaje del cual El Patiaz se enorgullece de haber hecho su pequeña aportación para el reconocimiento del compositor.

Pedimos pues a Gregorio Ibáñez, socio y colaborador habitual del Patiaz, que como no podía ser de otra manera estuvo en el homenaje por su cercanía a D. Tomás Aragüés, que nos redactase una crónica para acercar a nuestros socios y lectores el tributo que la música vasca dispensó a este gran maestro. Hela aquí.

Homenaje a Tomás Aragüés Bernad, Kursaal de San Sebastián, jueves 22 de octubre de 2015, 20:00 horas.

Por Gregorio Ibáñez

tomas aragues 3El pasado jueves tuvo lugar en San Sebastián el homenaje de toda una comunidad  al músico Tomás Aragüés Bernad. Decimos bien de toda una comunidad, pues allí se dieron cita gran parte de los máximos referentes de la música en el País Vasco, la Orquesta Sinfónica de Euskadi, el Orfeón Donostiarra, el Coro Easo y la Coral Andra Mari. Pero no solo en el escenario se citaron importantes personalidades para homenajear a nuestro paisano, en las 1.806 butacas del Auditorio Kursaal, lleno, podíamos localizar más representantes de la música vasca,de directores de orquesta a txistularis, de antiguos alumnos a renombrados músicos profesionales que en un momento u otro se cruzaron en la vida de Tomás Aragüés, que celebró el pasado 19 de octubre su 80 Cumpleaños. Igualmente se sumaron al homenaje los hermanos de La Salle, orden a la que perteneció el homenajeado, cuya profunda sensibilidad religiosa impregna toda su obra. También se dieron cita allí el obispo de la ciudad, don José Antonio Munilla y su alcalde Eneko Goia.

Todo estaba listo para rendir caluroso homenaje al protagonista, y comenzó con una primera parte que abrió su obra para orquesta Min Eresia, de 1983. Una obra ya de madurez compositiva del autor que funcionó de maravilla, y nos dejó ver ya desde el primer momento  su honda maestría en el tratamiento de todas las sonoridades para exprimir al máximo la orquesta sinfónica. En esta obra apreciamos detalles más vanguardistas que en las siguientes del concierto, fruto quizás de la investigación y el desarrollo musical que en esos años de muchísimo trabajo para Tomás Aragüés llenó otras de sus obras como su fabuloso concierto para violín y orquesta o el gran hito que supuso el primer concierto para Txistu y orquesta de la historia. La segunda obra fue el estreno absoluto del Te Deum Perteneciente a la Sinfonía versus Ochenta, compuesta el pasado 2014. Participaron como coro la Coral Andra Mari y el Coro Easo. Una pieza sinfónica en la que ya pudimos ver como se une su profunda espiritualidad con la dedicación y el cuidado exquisito para obtener de coro y orquesta una serie de colores que embriaguen al oyente. A destacar su amor por los fragmentos fugados, arte este de la fuga a que tiene gran cariño y del cual tiene un referente en su querido padre, el taustano Tomás Aragüés Bayarte. Fue dirigida esta primera parte por un joven director, Diego Martín Etxebarría, de cuidadas formas, suaves movimientos e indicaciones y mirada amable. Dirigió una primera parte que terminó quedándonos todos con ganas de más, soberbia interpretación. Ojo con este director que acaba de ser el tercer director no japonés desde 1967 que gana el concurso internacional de directores de orquesta de Tokio. Por cierto, este concurso se celebra cada tres años y llevaba 15 años desierto, como decimos, Ojo.

tomas aragues 2Tras el descanso y antes de comenzar la segunda parte, con la Sinfónica de Euskadi y el Orfeón Donostiarra (uno no sabe lo que es el Orfeón hasta que lo ve) sobre el escenario, subieron al mismo los directores de las agrupaciones participantes en el homenaje, José Antonio Sáinz Alfaro por el Orfeón Donostiarra; el director general de la OSE, Oriol Roch; José María Arbelaitz, de la Coral Andra Mari; Santos Sarasola, presidente del Coro Easo; y Mikel Arruabarrena, representante de los Hermanos de la Salle. Tras ser presentados fue citado al escenario Tomás Aragüés, que recibió un caluroso y larguísimo aplauso solo interrumpido por el presentador del acto que leyó un texto de loa y alabanza al homenajeado, muy similar al que teníamos en el programa de mano y que paso a transcribir:

“Tomás, Maestro, Amigo: te contemplan 80 años, plenos de una variedad enorme de vivencias que hemos recibido, muchas de ellas, a través de tu música; en las referencias espirituales de aquel tiempo siempre se nos presentaba la idea de culminar la vida, pudiendo sentirla como bien aprovechada en uno mismo y al servicio de los demás. Así es en tu caso: puedes mirar tranquilamente tu espejo retrovisor personal y sentirte satisfecho... pero, por favor, no para quedarte en el pasado. Seguirás ilustrando esas tus miradas a la vida con tus nuevas creaciones musicales. Hoy queremos homenajearte quienes hemos disfrutado interpretando tus composiciones, también bajo tu dirección artística.
La Orquesta de Euskadi, la Coral Andra Mari, el Coro Easo y el Orfeón Donostiarra nos reunimos hoy contigo para mostrarte nuestro agradecimiento como más creemos que te puede gustar: interpretando algunas de tus obras.
Te Deum laudamus!”

Tras esto, ya no habló ninguno de los directores presentes en el escenario, el presentador acercó a Tomás al público y le dijo “Ya sabes que en esta tierra somos de poco hablar pero sí de hacer”, y le fue entregado por parte de los directores la Makila, bastón tradicional, regalo honorífico que se otorga en Euskadi. Tras el regalo, y el aplauso general, un txistulari con su tamboril, acompañado de los solistas de la Orquesta Sinfónica interpretó la melodía vasca tradicional sobre la que una bailarina descalza, y sin traje regional interpretó un emocionante Aurresku, danza también tradicional con la que se rinde pleitesía en Euskadi.

Tras un nuevo aplauso, muy emocionante, pudimos escuchar al homenajeado, quien haciendo gala de un gran sentido del humor, hizo repaso a toda una trayectoria vital y agradeció mucho tanto este reconocimiento como otros anteriores. Un discurso en el que hizo gala como hemos dicho de su sentido del humor y de la humildad y modestia que hacen de este hombre, con una creación artística y un periplo vital tan lleno de aportaciones a las comunidades a las que ha pertenecido, una persona admirable y respetable. Así se vio, cuando fue acompañado entre aplausos por los representantes de los organizadores del homenaje a su butaca, donde disfrutaría ya de la segunda parte del concierto.

tomas aragues 4En esta segunda parte pudimos recrearnos con la interpretación del Euskal Requiem, obra magna sin duda, de obligada escucha por lo menos para los aficionados a esta música en Euskadi. Está escrito en 1990, sobre textos en euskera de Patxi Ezkiaga. Pudimos seguir por una pantalla la traducción de los mismos. El texto no era para nada fácil, un texto que se servía de recursos cuasi metafísicos para expresar lo que acontece tras la llegada de la muerte, acto seguido a abandonar este mundo. Una reflexión espiritual muy profunda que el compositor trató de forma muy delicada, con coro a voces mixtas. Se estrenó esta versión, dado que en un principio el Euskal Requiem fue compuesto para voces graves. Participó igualmente la orquesta y tres cantantes solistas, Ainhoa Zubillaga, Xabier Anduaga y Pablo Ruiz, como alto, tenor y barítono respectivamente. Con toda esta paleta de colores, pasamos de los momentos más íntimos, de reflexión espiritual con detalle alegóricos de la recepción en el paraíso de nuestras almas, a los pasajes más duros, con toda la potencia de las agrupaciones que estremecían el auditorio cuando se trataba de un texto que nos hablaba del trance de la muerte. Sin duda una obra con la que el auditorio tuvimos bien patente la grandeza y calidad de la obra de Tomás Aragüés.

Finalizó el acto, tras una larga ovación a la interpretación del Euskal Requiem, con los tres coros y la orquesta sobre el escenario, interpretando el Agur Jaunak de José Olaizola Gabarain, cuyo arreglo oficial para orquesta y coro es del propio Tomás. Un final perfecto, muy emocionante para alguien que como el que escribe, no es de allí y no conoce estas costumbres y modos, con todo el auditorio en pie, en honor del himno y del homenajeado. Un final perfecto para un homenaje muy sentido, con peso específico tanto de obras puestas en escena como de la calidad de los intérpretes, con un Kursaal lleno, sin más billetes. Parafraseando al presentador, fue un homenaje donde se dijo poco y se hizo mucho, mucho y muy bien. Felicidades Tomás, ¡muchas felicidades!

 

 
 

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