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La iglesia de Santa María

Tras la conquista de Tauste por Alfonso I el Batallador, se consagraría la mezquita mayor para utilizarla como iglesia bajo la advocación de la Virgen Santa María y, pocas décadas más tarde, se iniciaría la construcción de la iglesia de San Miguel (actual San Antón). Habría de transcurrir aproximadamente un siglo hasta que los taustanos decidieran que su principal templo quedaba anticuado y escaso de altura y que había que sustituirlo por otro acorde a las nuevas modas, en este caso una iglesia de una sola nave de tipología formal gótica, pero realizada en ladrillo y yeso por alarifes musulmanes que todavía viven en Aragón bajo el dominio cristiano, siguiendo las técnicas de sus precedentes “zagríes”, lo que en el siglo XIX se daría en denominar como “arte mudéjar”.

Torre 005

De esa forma, inician su construcción por el ábside, de planta poligonal al exterior (cinco lados), pero semicircular al interior. Esta particularidad induce a situar este momento todavía en una época de transición del románico al gótico, concretamente en la primera mitad del siglo XIII. La técnica constructiva empleada es la misma que la de la torre: fábrica de ladrillo recibido con pasta de yeso, alternando en las hiladas la disposición de los ladrillos a soga y tizón.


El ábside al exterior se presenta sin contrafuertes en las esquinas, lo cual hace posible que los motivos que lo decoran no se vean interrumpidos en su desarrollo, de igual forma que en la torre. Se construyó con tres grandes ventanales ojivales, uno en la cara central y los otros dos en los lados extremos, que serían cegados en el siglo XVI con motivo de la colocación del retablo mayor. Por debajo de estos huecos existe una decoración formada por una banda de tres hiladas de ladrillos dispuestos en zig-zag. Este motivo ornamental no existe en la torre, pero sí en otros muchos edificios mudéjares de Aragón, destacando aquí por una gran finura en su ejecución. Sobre los ventanales, también en los cinco lados que componen el ábside, fajas de arcos de medio punto entrelazados, semejantes a los de la parte superior de la torre. Al igual que en ésta, todas las franjas decorativas de ladrillo resaltado se encuentran ribeteadas horizontalmente por bandas de esquinillas, compuestas por tres hiladas de ladrillo dispuestos en dientes de sierra.

 La construcción de la nave continúa con dos tramos cubiertos con bóvedas de crucería sencilla. Se disponen contrafuertes en los muros, haciéndolos coincidir con los puntos de apoyo de las bóvedas, enrasando en la parte inferior los paños de muros con la cara exterior de dichos contrafuertes, dejando capillas al interior de escasa profundidad, cubiertas con bóvedas de medio punto. Salvadas en altura estas bóvedas, que al exterior se cubren con tejadillos, los muros se desplazan hacia dentro, alineándolos con la cara interior de los contrafuertes, dejándolos vistos al exterior. De esta forma, los muros colaboran con los contrafuertes para absorber el empuje de las bóvedas, las cuales también se realizan en fábrica de ladrillo, colocado de canto, de medio pié de espesor, sobre nervios de ladrillo aplantillado.

Llegados a este punto, debió de haber una paralización de las obras, pues el Profesor Íñiguez Almech, en un trabajo realizado en 1937 sobre las torres mudéjares aragonesas, hacía referencia a un pergamino hallado en el Archivo Municipal de Tauste, fechado en 1243, por el cual, el abad Íñigo, del monasterio de San Juan de la Peña, cedía a la villa de Tauste las primicias y diezmos que de ella cobraba, por concesión de Alfonso I el Batallador, para que atendiera “a la terminación de las obras de la torre e iglesia, campanas y vestiduras, y en consideración al mucho aprecio que a la villa dispensó D. Alonso, de grata memoria”. Está claro que si hubo una interrupción de las obras fue en este punto, pues es donde se observa un cambio estructural. A partir de aquí se construye el tercer y último tramo, con el que se alcanza a la torre, aun dejándola totalmente independiente, pues el muro hastial pasa por delante de la misma sin prácticamente tocarla. Este tramo se sigue cubriendo con bóveda de crucería sencilla, pero aquí los muros laterales se elevan en toda su altura manteniendo la alineación exterior de los contrafuertes, en lugar de reproducir las capillas laterales de los dos primeros tramos. El resultado es una mayor anchura de la nave en este tramo, para lo que se hace necesaria la construcción de unos arcos fajones de descarga, siguiendo el arrastre de la alineación interior de las paredes laterales.

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 Las cuatro claves (la del ábside y cada una de los tres tramos de las bóvedas de crucería), están decoradas con madera sobredorada, presentando motivos circulares con una cenefa sogueada al exterior y una imagen en relieve en el centro.

Los empujes de la bóveda en las dos esquinas finales de este último tramo son contrarrestados mediante la construcción de sendos torreones octogonales, en perfecta combinación estética con el antiguo alminar, quedando uno a cada lado del mismo. Es curioso observar cómo, a pesar de compaginar perfectamente las formas (reproducen la forma octogonal en estos torreones, muy adecuada ,por cierto, estructuralmente para su función de contrafuertes, y también respetan la altura a la que se encuentra el primer paño decorativo de la torre, sin sobrepasarla con la cubierta de la iglesia), las técnicas ya han evolucionado y, en lugar de cubrir las estancias interiores de estos torreones mediante bóvedas esquifadas de ocho paños (que hubiera sido lo natural para este tipo de planta) lo hacen con bóvedas de crucería, a imagen y semejanza de las que han construido en la nave de la iglesia, bóvedas que encajan de manera extraña en ese ámbito octogonal.

La cubierta de la nave se resuelve a dos aguas, mediante estructura de cerchas y vigas de madera y cubrición de teja árabe. Se aprecia claramente la intención de alinear la cumbrera de la cubierta con el centro de la torre, algo que no consiguieron (se desvía unos 60 cm), probablemente por dificultades propias del replanteo y la ejecución, así como los condicionantes que implica construir el edificio donde previamente ha existido otro, al que se está sustituyendo. También es ésta la causa de que quedara el ábside orientado hacia el sureste, como la mezquita a la que había sustituido, en lugar de mirar hacia el este, que es la orientación canónica de las iglesias medievales.

La existencia de tres arcos apuntados adosados al muro hastial por la cara interior, así como dos laterales, contiguos a los otros, hace pensar en la más que probable construcción de un coro en los pies de la nave, sustentado seguramente por un alfarje, máxime teniendo en cuenta las considerables dimensiones del templo. La puerta original se encontraría en el muro norte, que es donde quedaba la parte principal del pueblo, hasta que se construyó la capilla de la Virgen de Sancho Abarca, aunque también puede considerarse ya de aquella época la entrada actual, que entonces sería la puerta de salida al cementerio.

Todo el conjunto queda al exterior con la apariencia de ladrillo visto y al interior enlucido de yeso. El interior debió de estar decorado mediante policromías y agramilados de motivos geométricos mediante la técnica de incisión a punta seca, de los que quedan restos en el ábside (arcos mixtilíneos), ocultos tras el retablo mayor, a la altura del arranque de las bóvedas.

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Con el tiempo, se irían añadiendo a la nave medieval diversas construcciones. Así, en el siglo XVI se abrieron los lados rectos del ábside para construir sendas capillas que se cubren con bóveda de crucería estrellada, con grandes florones renacentistas en madera sobredorada en las claves. A esta misma fecha puede adscribirse la construcción de la sacristía adosada en la parte posterior de la cabecera.

En el siglo XVIII se construye la capilla de la Virgen de Sancho Abarca, de estilo barroco, para acoger a la patrona de la villa, quedando, a partir de ese momento, la puerta del cementerio como entrada principal al templo, hasta nuestros días. La capilla se cubre con cúpula sobre pechinas mientras que el presbiterio lo hace con medio cañón con lunetos.

Otros añadidos, ya del siglo XX, son el adosado a la fachada sur como zona de museo religioso, en sustitución de otras construcciones que ya fueron demolidas, y una construcción de planta semicircular, detrás de la torre, que alberga la escalera para el acceso a la misma y al coro.

Carbonel Monguilán, Jaime. Tauste en los siglos XI al XIII. Actas de las X Jornadas sobre la Histora de Tauste. Año 2009

 

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